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Menos de un tercio de los medicamentos que compran los hospitales son biequivalentes

El 67% corresponde a productos genéricos que no han pasado por los estudios necesarios para comprobar su equivalencia terapéutica con los fármacos originales.

Al menos en los últimos tres gobiernos y, especialmente desde 2014, cuando entró en vigencia la actual Ley de Fármacos, el Ministerio de Salud ha buscado incentivar el uso de medicamentos bioequivalentes. Estos son aquellos que demostraron tener la misma eficacia terapéutica que sus productos referenciales innovadores, pero que suelen ser más baratos.

De hecho, entre los objetivos del programa de la actual administración de Sebastián Piñera está “potenciar el uso de genéricos bioequivalentes” y el ministro Emilio Santelices ha dicho que buscará duplicar la disponibilidad de ellos en estos cuatro años.

No obstante, mientras el ministerio busca promover la compra de este tipo de productos por parte de los pacientes, la mayoría de las adquisiciones realizadas a través de la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Servicios de Salud (Cenabast) para los centros públicos no han sido de este tipo de medicamentos.

Según información obtenida por “El Mercurio” mediante Transparencia, entre 2016 y junio de 2018, solo el 28% de los fármacos comprados por los establecimientos públicos con la intermediación de Cenabast son bioequivalentes.

En cambio, la gran mayoría de las adquisiciones (67%) han sido fármacos sin bioequivalencia. Es decir, genéricos que no han comprobado su igualdad terapéutica. Mientras, el 5% de las compras han sido productos originales, que suelen ser los más caros del mercado.

“Eso genera un doble estándar”, dice Elmer Torres, vicepresidente de la Asociación Industrial de Laboratorios Farmacéuticos (Asilfa). Esto porque “a la gente del sistema público se le abastece con medicamentos que no han comprobado su equivalencia terapéutica, mientras en el privado se exige en la venta en farmacias porque solo así se garantiza la seguridad del tratamiento”.

Al respecto, José Luis Cárdenas, presidente de la Asociación de Productores Locales de Medicamentos (Prolmed), afirma que “el Estado tiene que predicar

con el ejemplo. Lo que se ha dicho durante distintos gobiernos es que hay que avanzar e implementar la bioequivalencia, pero por otro lado en las compras de Cenabast apenas se considera como un factor de evaluación”.

El valor de la equivalencia

Según Asilfa, el porcentaje de ponderación que tiene la bioequivalencia de un producto en las bases de licitación de Cenabast para la compra de medicamentos, es muy bajo. Por lo mismo, un producto que no haya hecho el proceso de certificación, pero que tenga un menor precio, puede ganar la licitación, lo cual podría explicar la tendencia en las adquisiciones.

Para Torres, “lo justo sería que fuera inadmisible que cualquier producto genérico que se licite en el mercado no tenga bioequivalencia, tal como a nosotros nos exigen que debamos tener la bioequivalencia”.

Consultados al respecto, en Cenabast dicen que “el producto adjudicado es el mejor evaluado según las bases de licitación que rigen el proceso de compra, el que se realiza a través de Mercado Público”. Agregan que “no todos los productos que intermedia Cenabast cuentan con por lo tanto en esos casos no es posible su adquisición”.

La baja disponibilidad de medicamentos bioequivalentes en el país es uno de los puntos a considerar para ex- plicar las compras de Cenabast, dice Héctor Sánchez, di- rector del Instituto de Salud Pública de la U. Andrés Bello. Pero para mejo- rar ese punto, plan- tea que es necesario que la enti- dad de abastecimiento “desarro- lle mayores competencias en la adquisición de medicamentos bioequivalentes en otros países a menor costo”.

En nuevas bases de licitación se pondera menos la certificación

La mayoría de las compras de medicamentos que se realizan para el sector público vía Cenabast se hacen mediante licitaciones públicas, que tienen una serie de requisitos. Uno de los factores que se evalúan para adjudicar la adquisición, y que da puntaje al oferente, es la bioequivalencia.

Hasta marzo de este año, si un medicamento era bioequivalente sumaba 12% a su puntaje final. Pero ese mes hubo un cambio en los criterios de las bases de licitación y ese porcentaje bajó al 8%. Es decir, la certificación hoy tiene una menor relevancia a la hora de evaluar qué producto comprar.

Según José Luis Cárdenas, presidente de Prolmed, en los mentos donde existen alternativas bioequivalentes —porque en algunos simplemente no hay otras opciones— «(esta certificación) debería transformarse en un requisito de admisibilidad. Es decir, si no es bioequivalente no debiese poder ofertar a Cenabast”.

Por su parte, Elmer Torres asegura que es necesario alinear la política de bioequivalencia que impulsa el Ministerio de Salud con la de compras públicas. De otra manera, advierte, «cuando se presentan las ofertas, el que presenta el mejor precio es el que gana la licitación, aunque no siempre cumple con los estudios de bioequivalencia”. Esto, puesto que con las actuales bases de licitación, el precio del producto tiene el 60% de la ponderación.

“Lo que no puede pasar es que si el Estado exige la bioequivalencia, compre productos no bioequivalentes”, asegura Cárdenas.

 

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